Lunes de la cuarta semana de Cuaresma
«Entonces el diablo lo llevó a una montaña muy alta y le mostró todos los reinos del mundo en su magnificencia…» (Mateo 4:8). En esta tercera tentación que Jesús afrontó en el desierto, el diablo vuelve a llevar a nuestro Señor a un lugar elevado. En la segunda tentación, llevó a Jesús a lo alto del Templo. En esta tentación, lo lleva a una montaña muy alta.
La vista desde una montaña alta es impresionante. La versión de Lucas de esta tentación afirma que, desde ese lugar elevado, el diablo «le mostró todos los reinos del mundo en un solo instante» (Lucas 4:5). Si alguna vez has estado en la cima de una montaña, sabes que la vista puede dejarte sin aliento. El lugar físico de esta tercera tentación es importante porque nos indica que el diablo trató de seducir a nuestro Señor despertando en Él un asombro inmediato. Por supuesto, lo que el diablo olvidó es que fue nuestro Señor mismo quien, con el Padre y el Espíritu Santo, creó no solo este mundo, sino también la realidad espiritual del Cielo mismo. Aunque Jesús habría sentido un santo amor por lo que contemplaba desde la cima de aquella montaña tan alta, no se habría dejado deslumbrar hasta el punto de caer en la insensatez, como quería el diablo.
Una de las tácticas del diablo, cuando nos tienta cada día, es deslumbrarnos como paso previo a la tentación. Es como un vendedor que primero invita a un cliente a comer y beber antes de intentar cerrar la venta. La diferencia, sin embargo, es que la «venta» que el maligno intenta cerrar siempre es engañosa y pecaminosa. Por eso, a menudo tratará de impresionarnos, despertando en nosotros una sensación de asombro, para que estemos más dispuestos a ceder a su propósito final.
Al meditar sobre el lugar físico de esta tercera tentación, piensa en el «lugar» donde el maligno logra tentarte con mayor eficacia. Por «lugar», debemos considerar las cosas de este mundo que nos resultan impresionantes, que nos llenan de asombro o que deslumbran nuestros sentidos. Aunque estos lugares quizá no sean pecaminosos en sí mismos, la emoción que despiertan en nosotros puede ser una puerta abierta a alguna tentación de pecado por parte del maligno. Por ejemplo, la emoción de salir una noche con amigos podría tentarte a beber demasiado. O la emoción de ir de vacaciones a un lugar exótico podría tentarte a gastar más dinero del que deberías.
Vencer el pecado no solo requiere que nos apartemos del pecado mismo, sino también de la «ocasión próxima de pecado». En otras palabras, debemos evitar las situaciones en las que probablemente experimentemos tentaciones que no podamos resistir. Jesús permitió que el diablo lo llevara a esa montaña alta y le mostrara la magnificencia del mundo para fortalecer la naturaleza humana ante la tentación del «asombro» que forma parte de la seducción del pecado.
Medita sobre esos lugares, situaciones o incluso personas que el diablo utiliza para seducirte. ¿Qué actividades deberías evitar habitualmente para no caer en la tentación? Si son inevitables, ten presente que la victoria de Jesús sobre la tentación del diablo también te da la fuerza para resistir la «magnificencia» pasajera de la seducción con la que el diablo intenta tentarte.
Dios Altísimo, tu divina presencia es más magnífica y gloriosa que todo lo que este mundo puede ofrecer. Todo el poder y la gloria terrenales no se comparan con el acto poderoso y glorioso de amarte. Te ruego que me guardes y me protejas siempre, especialmente cuando el diablo intente deslumbrarme con las cosas pasajeras y pecaminosas de este mundo. Que solo en ti encuentre maravilla y asombro. Jesús, en ti confío.
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